Acaba el SEDINRE
Para Ana y para mi. El SEDINRE es el Seminario de Diálogo Interreligioso, una propuesta de alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tanto la Funes como un servidor, formábamos parte de los organizadores.
El seminario es interesante, estimulante y necesario en una sociedad como la mexicana, poco habituada al diálogo y al reconocimiento de las diversidades constituyentes del tejido social. Hay una tara jacobina laicista que los mexicanos seguimos cargando, teniendo como consecuencia el casi nulo acercamiento respetuoso hacia las religiones presentes en el país.
La idea principal, a mi entender, era propiciar un espacio para el diálogo entre la academia con las diversas religiones presentes en México, así como el diálogo entre tradiciones espirituales. Pero además, se contemplaba como plataforma para el desarrollo académicos de los alumnos que creamos y coordinamos el proyecto. Muchos estamos interesados en desarrollar investigación sobre el fenómeno religioso desde la antropología o la filosofía.
Con todo, para mi fue una buena experiencia. Si decidí salirme es, entre otras cosas, para dedicarme de lleno a mi trabajo, a mi tesis y a mis lecturas. Pero también, porque no veo satisfechas mis expectativas profesionales, percibo el mal gusto de los protagonismos trepadores y las complacencias mutuas de la chabacanería. Esto me quedó claro ayer, en la junta de grupo con asesor incluido: entendí hacia dónde camina en realidad este proyecto. Es una pena que el grupo no tuviera una visión clara sobre el alcance de un seminario como este.
Ayer lo platicaba con Ana, que por cierto, salió también con visos de decepción. En realidad voy comprendiendo lo que es la academia y sus mecanismos cortesanos. También empiezo a entender lo arriesgado de presentar un proyecto de punta ejecutado por alumnos. No todos tienen la apertura para escuchar una propuesta nueva elaborada por personas cuyo currículo no puede competir con un profesor consagrado. La manipulación y sujeción sutil también la capté así como sus modos de operación.
Pero no todo está tan mal en la vida. El SEDINRE me deja una valiosa experiencia al estilo “echando a perder se aprende”, me dio el placer y la emoción de incursionar en un seminario arriesgado y pionero, me permitió conocer algunas religiones y lo complejo de su análisis. Y es que a nivel filosófico me deja preguntas tales como: ¿qué tipo de diálogo es el que desea una sociedad como la mexicana?, ¿cómo es posible ese diálogo entre la academia, las religiones y la población en general?, ¿cómo dialogar desde la diferencia pero sin renunciar a una identidad?, ¿quién es el sujeto del diálogo?, ¿qué es el “diálogo”, “dialogar”?, ¿es posible conocer una religión que no se profesa?
Usualmente en proyectos en equipo no trabajo por la gente sino por los objetivos. Pero en esta ocasión, seré honesto, me deja el gusto de ahondar la relación con la amiga Funes, pero también, me permitió conocer un poco más a mis compañeros, con algunos de los cuales se seguirá con el contacto.
Last but not least, me dio la fortuna de conocer a una gran persona, ahora un amigo, de esos que difícilmente se olvidan, muy importante ahora en mi vida. O como dicen por ahí: el acontecimiento de un encuentro.
El seminario es interesante, estimulante y necesario en una sociedad como la mexicana, poco habituada al diálogo y al reconocimiento de las diversidades constituyentes del tejido social. Hay una tara jacobina laicista que los mexicanos seguimos cargando, teniendo como consecuencia el casi nulo acercamiento respetuoso hacia las religiones presentes en el país.
La idea principal, a mi entender, era propiciar un espacio para el diálogo entre la academia con las diversas religiones presentes en México, así como el diálogo entre tradiciones espirituales. Pero además, se contemplaba como plataforma para el desarrollo académicos de los alumnos que creamos y coordinamos el proyecto. Muchos estamos interesados en desarrollar investigación sobre el fenómeno religioso desde la antropología o la filosofía.
Con todo, para mi fue una buena experiencia. Si decidí salirme es, entre otras cosas, para dedicarme de lleno a mi trabajo, a mi tesis y a mis lecturas. Pero también, porque no veo satisfechas mis expectativas profesionales, percibo el mal gusto de los protagonismos trepadores y las complacencias mutuas de la chabacanería. Esto me quedó claro ayer, en la junta de grupo con asesor incluido: entendí hacia dónde camina en realidad este proyecto. Es una pena que el grupo no tuviera una visión clara sobre el alcance de un seminario como este.
Ayer lo platicaba con Ana, que por cierto, salió también con visos de decepción. En realidad voy comprendiendo lo que es la academia y sus mecanismos cortesanos. También empiezo a entender lo arriesgado de presentar un proyecto de punta ejecutado por alumnos. No todos tienen la apertura para escuchar una propuesta nueva elaborada por personas cuyo currículo no puede competir con un profesor consagrado. La manipulación y sujeción sutil también la capté así como sus modos de operación.
Pero no todo está tan mal en la vida. El SEDINRE me deja una valiosa experiencia al estilo “echando a perder se aprende”, me dio el placer y la emoción de incursionar en un seminario arriesgado y pionero, me permitió conocer algunas religiones y lo complejo de su análisis. Y es que a nivel filosófico me deja preguntas tales como: ¿qué tipo de diálogo es el que desea una sociedad como la mexicana?, ¿cómo es posible ese diálogo entre la academia, las religiones y la población en general?, ¿cómo dialogar desde la diferencia pero sin renunciar a una identidad?, ¿quién es el sujeto del diálogo?, ¿qué es el “diálogo”, “dialogar”?, ¿es posible conocer una religión que no se profesa?
Usualmente en proyectos en equipo no trabajo por la gente sino por los objetivos. Pero en esta ocasión, seré honesto, me deja el gusto de ahondar la relación con la amiga Funes, pero también, me permitió conocer un poco más a mis compañeros, con algunos de los cuales se seguirá con el contacto.
Last but not least, me dio la fortuna de conocer a una gran persona, ahora un amigo, de esos que difícilmente se olvidan, muy importante ahora en mi vida. O como dicen por ahí: el acontecimiento de un encuentro.
Y ahora, a ver al Marcos y al EZLN.
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