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La liberación, ¿dónde?

«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida».
Miguel de Cervantes, Don Quijote, cap. LVIII
«[...] cuanto más uno es hombre, cuanto más el yo es conciente, impulsivamente amante, tanto más advierte que, sin el Infinito, todo sería sofocante e intolerable. El yo tiene sed de eternidad, el yo es relación con el Infinito, esto es, con una realidad más allá de todo límite».
Luigi Giussani, El hombre y su destino. En camino

I

El pasado sábado 17 de junio fue la XXVIII Marcha del Orgullo Gay en Ciudad de México. Las mismas reclamaciones, el mismo ambiente festivo. La reivindicación de reconocimiento y de inserción ayuna de discriminaciones son el tono que marcan, invariablemente, cada edición del mitin. El legítimo reclamo a no ser discriminados y discriminadas, se enarboló de nuevo. El asunto siempre es el mismo pero nunca escuchado: se quiere la libertad para vivir la sexualidad y el modo de vivir que conlleva. No es gratuito. Existen miles de historias detrás de estas reivindicaciones. No es asunto de poca monta: las expresiones de exclusión y discriminación por motivos de orientación sexual (la homofobia) son frecuentes e impunes en la sociedad mexicana, que usualmente aplica el corsé de la doble moral para esconder: Se censura en vez de comprender, se reacciona irracionalmente en vez de usar el buen juicio, se impone un criterio en vez de intentar un acuerdo y una forma pacífica para el entendimiento de los tejidos plurales de las sociedades.

El colectivo que agrupó a los “disidentes” de la bastilla heterosexual es una muestra de la necesidad de reconocimiento y expresión que toda persona y grupo humano requiere y además, implica un modo de encontrar un sentido de pertenencia, “un vínculo irrompible, algo por qué luchar y una fecha para conmemorarlo”, en palabras de Paco Calderón, columnista de la prensa gay.


II

Desde el viernes 16 al domingo 18, estuve en Tepoztlán, en los Ejercicios del movimiento de Comunión y Liberación. Fueron días bellos, pero también, días de interpelación. No sobre un aspecto determinado, sino reivindicación del “yo” y sus exigencias de felicidad, de libertad; aplastadas o reducidas por la cultura dominante. Viviendo esos días, escuchando a algunos amigos, a Julián entre ellos, me vino a la mente una frase sabia que una amiga me dijo: “tú tienes un gran Deseo, pero si eres consecuente con la realidad, verás que no eres tú quien pone los medios para satisfacer ese Deseo, en cuanto lo haces, lo reduces y te reduces”.

III

Afirma Jose Luis Restán: “Todos tenemos un deseo de felicidad total, de justicia, de vivir una unidad que no decaiga con el tiempo ni sea víctima del mal propio o del ajeno. La vida entera es el camino en el que todos intentamos encontrar la respuesta a ese deseo, y el ejercicio de la sexualidad es siempre un capítulo arriesgado de esa búsqueda, que puede abrirnos a un horizonte infinito o sepultarnos en una tumba.”

IV

La Marcha y los Ejercicios: dos modos -muy distintos- de afrontar el Deseo del corazón humano. Más allá de reivindicaciones ideológicas, Comunión y Liberación me recuerda que el asunto se juega en saber dónde encontrar la tan anhelada libertad, sin sucumbir al nihilismo, esto es, a la sospecha de la inexistencia de lo que buscamos, la no respuesta a esa pregunta que siempre somos.

Por eso agradezco a un movimiento que recuerda la lealtad conmigo mismo, con mis exigencias más profundas, las cuales permiten que mi “yo” sea un “yo habitado”, es decir, el interés por la realidad, lo cual implica respetar razón y sensibilidad, para lanzarme a la búsqueda en una comunidad de pertenencia: la compañía. Un "yo habitado", vivo, es el primer gran límite a la acción devastadora y homologadora del poder, que puede ser capaz de reincorporar aquellas manifestaciones dinamitadoras de toda uniformidad, como las reivindicaciones homosexuales. CL nos previene del influjo pernicioso de la ideología, creadora de dualismos desmembrantes que terminan entregándonos al caos del corazón llenado por los muchos ídolos del mundo virtual, haciéndonos creer emancipados.
Al corazón, se le puede adormercer con la ideología, pero jamás matar.

V

El propio Restán recordaba los diálogos que el dramaturgo italiano, Giovanni Testori, mantenía con Luigi Giussani sobre el deseo del corazón del hombre y sobre el camino para alcanzar su satisfacción. Testori fue un homosexual que nunca se avergonzó de su condición, pero que vivió el drama que implicaba. El diálogo con el sacerdote de Desio, en un clima de amistad, más que resolverle el problema, le lanzó a la búsqueda indómita de la libertad, porque sólo cuando uno se da cuenta de la insatisfacción del deseo en cosas parciales, puede caer en la cuenta que uno es mucho más, siempre mucho más. Si se es sincero con uno mismo, podrá percatarse que un aspecto de la vida –por ejemplo, la sexualidad- no es lo que traerá la liberación. Eso me lo recuerdo todos los días.

Las reivindicaciones de respeto y libertad que se hacen en la Marcha Gay son justas, pero habrá que pensar, más allá de ideologías libertarias, qué es lo que realmente satisface esas mismas exigencias en eso que se ha dado en llamar “el ambiente gay”.

VI

Esos diálogos entre Giussani y Testori, me tocan profundamente. El fundador de Comunión y Liberación reivindica una libertad mucho más grande que muchos intentos modernos y posmodernos de concebirla. Una visión que arranca del encuentro con el Misterio, pero encarnado.
Y así, inicio mi propio diálogo con ellos. Una forma de implicarme en una compañía que reivindica, sin censurar nada, la dimensión infinita de mi Deseo.