dimanche

¡Bien AMLO, bien Felipe!

Advertencia: este texto fue hecho en un estado de enojo.

Lo siento deveras, se que voy a causar disgusto y malestar y probablemente me ganaré unos zapes de gente “con mayor preparación política” que yo, que han padecido la res publica más que yo, y quizá me dejarán de hablar o de visitar personas muy convencidas con la figura del Peje o el Felipillo no sin antes ganarme trompetilla y sacarme la lengua.

Mis disculpas.

Como este es mi único medio de expresión pública, quiero externar mi repudio y suma molestia, ante las declaraciones, del todo impertinentes, de Andrés Manuel López Obrador y de Felipe Calderón. Mayor responsabilidad por parte de AMLO que pide y exige “respetar SUS resultados”, dados según SUS encuestas, que le dan la legitimidad a SU triunfo. Claro, porque el poder es del pueblo (¿quién protege y defiende a la gente?: la honestidad valiente), y vale sombrilla las instituciones legítimamente constituidas para dar el veredicto oficial; vale nada los esfuerzos y los recursos gastados para tener un sistema electoral muy sofisticado que aleje la sospecha de fraude, etc.
El legitimador ha quedado deslegitimado, después de las declaraciones de AMLO, ¿quién legitimará al deslegitimador? quien me lo adivine buen deslegitimador será.

Pero Felipe no se salva. Aunque haya estado avalado por los resultados del momento, fue también irresponsable al declararse ganador. Oportunista que se cobija bajo la sombra de unos resultados momentáneos.

Hasta donde mi sentido común y si la historia de la política no mienten, algo vital, fundamental e indispensable en los asuntos públicos, es la prudencia...

El mensaje es claro: lo que importa es el “premio”. Parecen un par de quinceañeras que se disputan sus chambelanes, niños enfrascados en una gresca para obtener su caramelo, dos "jovencitas" arañándose por el novio, marchantas discutiendo por su "apartado", etc.

Me duermo pensando que para ellos, yo soy sólo un pretexto.

Sí, un pretexto para que ellos puedan obtener su caramelo y para que se cumpla su utopía: el sacrificio necesario de las personas concretas en el altar de las ideas abstractas.

Pero como mi queja es de mal gusto y es visceral, y como de nuevo voy a ser descalificado por mi mala o nula preparación en estos menesteres, me uno al coro de los que le estarán dando la razón a uno u otro candidato:¡Viva la utopía!