Fuego y mundo
Hago verdad al Fénix en la ardiente
Llama, en que renaciendo me renuevo,
Y la virilidad del fuego pruebo
Y que es padre, y que tiene descendencia.
La salamandra fría, que desmiente
noticia docta, a defender me atrevo,
cuando en incendios, que sediento bebo
mi corazón habita y no los siente.
Llama, en que renaciendo me renuevo,
Y la virilidad del fuego pruebo
Y que es padre, y que tiene descendencia.
La salamandra fría, que desmiente
noticia docta, a defender me atrevo,
cuando en incendios, que sediento bebo
mi corazón habita y no los siente.
Francisco de Quevedo, Parnaso español.
I
El fuego es siempre asención. Su misma naturaleza lo dota de la suficiente soltura y ligereza para ascender. Emerge de las entrañas ocultas de la tierra. La llama surge de lo estable pues toda danza requiere un punto fijo para su movimiento.
Su poder es solicitado para urdir la trama de las cosmogonías. Para los antiguos, el fuego era el sustento y el renovador del mundo. "Todas las cosas arden", decía Buda; más o menos por el mismo siglo Heráclito de Éfeso decía que todo era fuego. Para los estoicos, el cosmos surge del fuego primordial del cual se desprenden los otros tres elementos y los cuerpos sensibles que serán destruidos para ser nuevamente regenerados a través de una conflagración universal, terminando el ciclo del mundo para recomenzarlo. Para la Stoa, el ciclo no es purificación, sino equilibrio y subsistencia por medio de lo siempre igual.
II
El fuego incontrolado es temido por el humano: puede devorar y destruir sin un determinado fin o bien, preludia la salud por medio de la cauterización. Fuego de fénix o de salamandras; piélago para atravesar los escollos o casa habitable para renovarse. Furioso o ligero, el ser humano siempre le ha respetado, pues teme su vigilia, agradece su sueño y goza su cura. Si el fénix antes de renacer, tiene que morir y padecer el dolor, el humano necesita ese mismo dolor para despertar en el cambio gozoso de la recuperación de sí.
Pero ahora, ante lo que sucede en el mundo, ¿cuál es el fuego que lo consume? ¿Será para su ruina o para su sanación? El dolor del mundo, de las naciones, de las relaciones, ¿es el prólogo de un estadío superior, o el despeñadero hacia la nada? El fuego de la industria, de la tecnociencia no es el de Plotino, el cual dota de color a los demás elementos en la comunidad de su flama. La técnica empleada en los recursos bélicos separa y destruye; el fuego entendido como discordia rompe a las gentes, a los pueblos, a las naciones, al mundo. Es entonces cuando el dolor surge en los escollos de la destrucción.
El fuego incontrolado y el dolor son temidos por el humano...
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