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Adviento II: Amor. ¿Agape y/o eros?

¿Qué buscamos en el eros?


«En 1956, recién bautizado, cumpliendo una vida de humildad y de perdón, donde la fidelidad se hacía posible, hablaba con un joven revolucionario húngaro del enigmático encuentro entre el hombre y la mujer. “No hay ningún misterio, me dijo, la fidelidad es un impedimento que no tiene sentido”. “Y, sin embargo, ¿qué sientes cuando se acaba para ustedes un encuentro más o menos breve?”. Él pensó un momento, su agresividad se había apagado. “A veces, dijo, es como si hubiera matado a un pájaro”. Así que el camino está sembrado de pájaros muertos...


Hoy en día, a un orden cuantitativo funcional, cuyo mecanismo ignora los ritmos profundos de la vida, se opone el desorden del instinto, el frenesí sexual. No nos queda más que nuestro cuerpo, parece, para salir de la abstracción de la soledad. Y, aún así, la tensión erótica y su eliminación son solamente una caricatura de la muerte necesaria para que el otro exista. Cada uno se queda en su propia soledad. La sed de absoluto hace que se espere todo durante un momento, conscientemente o no, de un ser precario que también necesitaría ser salvado, y antes o después se le ignora, se le hiere, se le destruye, Tristán o don Juan. Esto desplaza la búsqueda de absoluto hacia el placer mismo, la búsqueda de lo sagrado hacia la profanación. He aquí de nuevo a Narciso ante el espejo, el tiempo oscurece el espejo, hay que cambiarlo para hacerse adorar de nuevo y a medida que todo se vuelve profano, la profanación tiene que avivarse en las transgresiones. Al final de las “liberaciones” surgen gestos de verdugo o de esclavo. Georges Bataille celebra en la relación entre víctima y verdugo [Marqués De Sade] la relación erótica suprema, quizás el éxtasis: cuando no se sabe morir para que el otro sea, se hace morir al otro para sentirse ser


Olivier Clément, teólogo.
Eros-Philos-Agapè,
Acrylique s/toile 68,5x88,5cm.
Laurence Maron